
Para intentar responder a este interrogante debemos recurrir una vez más a las chances. Y la respuesta es depende. Dependerá de los facto res que inciden en esta relación: las fichas del pozo y el monto que se va a mandar en ese bluf.
Supongamos que el pozo de la mano que se está disputando suma $100. Si intentamos robarlo mandando $100, la empresa, para mantener un equilibrio en el largo aliento, deberá imponerse una de cada dos veces. En cambio, si reducimos la apuesta a $50, será suficiente con que lo haga una de cada tres veces.
Si el pozo es grande y se intenta robar con poco, la fracción de veces que hay que ganar será menor que si se apostara proporcionalmente más. Pero, al mismo tiempo, la fuerza disuasoria de una apuesta discreta será siempre menor que la de una contundente.
Criterio número 5
Todos los factores que influyen a la hora de considerar un bluf giran en torno de un eje central: la información disponible y su consecuente lectura de situación.
El sostén estratégico del bluf, como de muchas otras maniobras en el póker, es la lectura de manos. Tirar un farol sin información es como arrojarse a una pileta sin saber si está llena o vacía. La información es un arma fundamental en el póker y los blufs no son la excepción. Es preciso recabar información que permita medir las posibilidades de que un bluf sea efectivo.



